martes, 17 de mayo de 2016

Hijos del insomnio - Yo

Hijos del insomnio

Para aquellos que son apartados de la vida, para aquellos que se consumen entre mentiras, sufrimiento y dolor, para las almas perdidas, para los que dejan su mente en el fondo de una botella, este evangelio es para los que caminan envueltos en llamas, un incendio que ellos mismos causaron y no supieron apagar, un fuego que no ilumina más que a ellos mismos, enajenada de todo aquello, libre de drogas, escribo para los que se levantan y se acuestan sufriendo, para la mierda que nadie tiene en cuenta, enajenada pero no feliz, enajenada y deprimida, y loca, y puta, flotando sobre cabezas cercenadas de aquellos que murieron pero que sus cuerpos aún caminan, y aquí estoy en el limbo, limpia pero cerda, inmóvil pero cansada, agotada de la vida, pero no importa sigo con el puño en alto hasta que mis músculos se atrofien, hasta que mi corazón deje de latir, hasta que mis manos dejen de escribir.


Este es un verso, un poema para aquellos habitantes de la oscuridad, para los hijos del insomnio que caminan pero tiene el alma en una estrella lejana, para los oxidados que no pueden mirarse al espejo, ni quieren, y piden a gritos ser escuchados, gritos silenciosos, cada palabra que mis manos plasman en este pedazo de papel electrónico, es para ustedes los incomprendidos, para los que sueñan con los ojos abiertos, para los que vuelan sin tener alas, para los que corren con las piernas rotas, para los que abrazan sin tener manos, para los que miran sin tener ojos, para los que hacen el amor entre suspiros, alcohol y lágrimas.
Yo escribo para todos aquellos que me quieran leer, escribo para los que quieran comprender mis lineas, mis curvas, mis sonrisas, mis besos, pero también mi agonía, escribo para los olvidados, los inadaptados, los raros, los que cuentan sus secretos a los claveles antes de arrojarlos al vacío, para aquellos que entendieron que la vida es más, más que una rutina, y que no tienen miedo, que no están hechos de codicia, que son perseguidos por el pasado, un pasado que les atormenta, pero que luchan contra él, que se perdieron así mismos hace ya mucho tiempo, y se buscan entre los vidrios rotos de un espejo, entre putas y vodka, perdidos en una multitud buscan una mano que asir para no soltarla nunca más.
Hijos consumidos, hijos del insomnio, camino junto a ustedes como sus demonios, sigo enajenada pero entendiendo ese mundo extraño en el que están creciendo, en el que viven, en el que sufren, en el que alzan las copas para brindar ¿Pero por qué  brindan? No hay nada, más que sombras, más que suspiros que quedaron en el aire congelados por el frío como bolsas de hielo, nada más que escombros, cenizas y anís. Sólo queda una nieve manchada de negro y rojo, cicatrices que se abren de vez en cuando y que arden como el infierno.

En medio de todo esto, hay una chica que observa, una chica pequeña y frágil, que llora cuando sopla el viento, que ríe cuando hay luna llena, pero es muy pequeña, tan pequeña que vive en un baúl de sueños rotos y se acuesta en el más triste de estos para dormir, se abriga con la esperanza y empieza a soñar con los ojos abiertos, playas por las cuales correr mientras el sol tibia la arena, sonrisas que regalar a un anciano cansado, besos azucarados para el amor de su vida, canciones melancólicas para recordar otros tiempos, la chica está parada en la mitad del texto recitando un poema infinito, mientras cae en la oquedad de los inadaptados, ella puede entender a los hijos del insomnio, se siente como una de ellos, sin embargo no quiere hablarles, le gusta la soledad extrema, que las hojas se alcen con el viento y pasen entre sus piernas, caminar sola baja la negrura de la noche, no necesita nada más que la brisa, esa es la chica del fondo del salón, que no existe más que para sí misma y unos cuantos, escucha música pero no baila, bebe pero no se embriaga, porque ya está bailando embriagada junto al son de la melodía que producen las estrellas, la pista es un tapete negro llamado universo, el licor está hecho con el polvo de los pilares de la creación, cada paso es una onda que se expande tocando almas dormidas, acariciando rostros borrosos, secando lágrimas con un pañuelo viejo lleno de memorias y olvidos, allí guarda lo importante, las supernovas que han sido las personas a lo largo de su vida , y las enanas negras en las que se convirtieron otras. Una sombra en el rincón del salón, una sombra en el rincón de una casa vieja y chirriante, una sombra que se puede convertir en luz, sin dejar de ser una hija de las noches largas y tristes.

Me encantaría leer sus opiniones.
Gracias.


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