jueves, 8 de diciembre de 2016

La melancolía de los feos - Mario Mendoza


Titulo: La melancolía de los feos.
Autor: Mario Mendoza Zambrano
Editorial: Planeta 

Sinopsis:
León Soler es un psiquiatra soltero y sin hijos que se acerca a los cuarenta años y sigue atrapado en una rutina poco feliz y carente de brillo. Vive apenas obsesionado con su profesión, hasta que una mañana recibe una extraña carta en su consultorio. Va sin remitente y tiene el dibujo de un murciélago que sostiene un letrero con el mismo término que usó el artista Durero en su famoso grabado: La Melancolía. El contenido de esa y futuras correspondencias sacudirán a Soler, lo llevarán al pasado de su niñez y lo moverán emocionalmente en el presente para tratar de encontrar a su viejo amigo, Alfonso Rivas, un hombre deforme, enano y jorobado que le ha devuelto, sin saberlo, el favor más grande: salvarlo del extravío como solo un navegante es capaz de encontrarse a sí mismo mientras sortea la furia de los océanos. ¿De dónde venimos y qué es esto que somos hoy en día? Esta novela habla del valor de la amistad, el deseo, la lealtad y la memoria como salvavidas de unos héroes anónimos, atormentados y desgastados por el tiempo, que buscan rescatar lo mejor de sí y demostrar que no todo está perdido, porque el viaje, el verdadero viaje, siempre opera dentro del hombre cambios sustanciales.


Veredicto:

Cuando comencé a leer el libro quedé completamente enganchada, las primeras 100 páginas fueron
maravillosas, pero luego empieza un decaimiento, Mendoza no trabaja muy bien el libro y no logra desarrollar algunos de sus personajes pero más que eso me dio la impresión de que era un libro de auto-ayuda, cuando se forman las discusiones sobre la belleza, los objetos y seres que la poseen y los otros que, en efecto, son feos, se siente la tristeza de Alfonso (Personaje principal) por la deformidad de su cuerpo, nos recuerda esto cada que puede, lo cual al fin y al cabo se torna molesto, a veces quería ahorcarlo, a ver si dejaba de repetir lo mismo una y otra vez. También me topé con que cada quien le da sentido a su existencia, lo cual está bien, no es del todo cierto, pero lo acepto, lo peor viene después, yo digo que está en las páginas finales del libro, donde Alfonso le escribe a su amigo León la última carta, y habla de Jesús (Parte de la santísima trinidad en la iglesia católica), y nos dice que la muerte de él fue simbólica, que él salvó la humanidad de una forma simbólica, ¿Salvo? Por el mesías han habido centenares de guerras, en el nombre de dios se han matado miles de personas, no salvó absolutamente nada, lo que hizo fue dividir la humanidad, y servirnos como punto para organizar los años, antes y después de Cristo, eso fue todo, estoy completamente en desacuerdo con esa idea, de hacer algo simbólico que "salve" la humanidad, bueno, ese es mi punto de vista, por ello y por esa esencia de auto-ayuda no me a gustado mucho, prefiero otras obras de este escritor, me parece que Mendoza pudo dar más en este libro de lo que realmente dio.

Soler es una persona que no sabe ni porqué sigue existiendo, lo único que hace es estudiar el historial clínico de sus pacientes, eso no se puede llamar vida, no hay disfrute de lo más mínimo con una obsesión que me parece más bien como una evasión de la realidad, después de perder años de juventud leyendo historiales psiquiátricos no quería regresar y afrontar que ya rondaba casi que por los 40 y decirse a sí mismo que no había hecho nada con su vida, no, obviamente no podía hacer eso, necesitaba un amigo, que fue Alfonso, que le diera una buena paliza entre renglones y le hiciera ver que el tiempo nunca se detuvo a esperarlo, que había pasado y era tiempo de cambiar, Alfonso es un ser extremadamente intelectual, en realidad me ha encantado el personaje, me parece que pudo ser mucho más, pudo dar más que un acto simbólico, y de Soler ni se diga, fueron mal manejados en la trama de la historia.


En tercer y último lugar tenemos el final, supuestamente trágico para algunos lectores, a mí me parece un final feliz, y no me gustan casi los finales felices, ellos son casi que irreales, y dentro de un libro hay que saberlos manejar bien, moldearlos poco a poco y llegar a lo inesperado no a lo predecible y aburrido. 

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